Los ecos del 8 de Marzo: un mes de la huelga feminista que pretendía parar el mundo

El 8 de marzo es, desde su instauración como Día Internacional de la Mujer en 1952 por la Asamblea General de la ONU -pese a que su origen a la I Conferencia de Mujeres Socialistas de principios de siglo- un día marcado en las agendas de todos los colectivos feministas y organizaciones en pro de la igualdad de género. Para el 2018, las plataformas feministas de diversos lugares del globo se habían propuesto una tarea ingente. El éxito de los Paros de Mujeres realizados en Argentina y Polonia en años anteriores inspiraron a feministas de todo el mundo para convocar el Paro Internacional de Mujeres; es decir, una huelga a nivel internacional que pretendía protestar por la discriminación a la que la mitad de la población mundial se ve sometida día tras día.

Un mes después, llega el momento de realizar balance. Lo cierto es que el ambicioso objetivo de realizar una huelga internacional solo fue secundado totalmente en dos países: España y Francia fueron los únicos Estados donde los sindicatos respaldaron una huelga de carácter general, si bien algunas organizaciones sindicales solo apoyaron paros parciales.
Pese a ello, el 8 de marzo fue de nuevo un día reivindicativo en el que tuvieron lugar actos y manifestaciones en más de 150 países, teniendo especial relevancia en naciones hispanohablantes.

Cartel en repulsa de la muerte de Marielle Franco en Lisboa / Clara Giménez

Y es que el hecho de que la huelga feminista no haya sido secundada oficialmente por muchos países no significa que el movimiento por la igualdad no esté presente en la mayoría de ellos. Cada lugar tiene sus propios tiempos de reivindicación, como podemos ejemplificar en dos Estados vecinos, España y Portugal. Mientras que España fue la avanzadilla de la huelga internacional, en Portugal solo tuvieron lugar manifestaciones en las principales ciudades y el país vivió el día con normalidad. ¿Cómo puede ser exista tanta diferencia en dos territorios tan próximos cultural y geográficamente? La pregunta es difícil de responder. No es que en Portugal no tenga fuerza el movimiento feminista: una semana después del 8M, la activista y política brasileña Marielle Franco fue asesinada, y en todo el país se convocaron concentraciones en repulsa por su muerte.
Sin embargo, es posible que en España el feminismo haya cobrado fuerza tras las políticas conservadoras llevadas a cabo por el Partido Popular, en el gobierno desde 2011. Mientras que en los últimos años en España las mujeres han tenido que luchar para que no les sea restringido el derecho al aborto -reforma que intentó llevar a cabo el Ministro de Justicia el 2014-, en Portugal, con un gobierno más progresista en la actualidad, ha ocurrido lo contrario: el aborto se legalizó tras un referéndum celebrado 2007.
No es difícil suponer que, mientras en Portugal se respira un ambiente de apertura que rebaja la intensidad de la movilización, en España ha ocurrido lo contrario; lo cual es una de las causas -para explicar el resto necesitaríamos un análisis en profundidad- por las que el feminismo es ahora tan visible en el Estado español.

Puede ser el Paro Internacional de Mujeres solo adquiriera carácter de huelga general en dos países, pero solo es necesario echar un vistazo a los medios de comunicación para saber que la igualdad de género es una de las luchas más visibles y con más fuerza en el siglo XXI. Tanto a nivel institucional, constituyendo uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible impulsados por la ONU, como a muchísimos otros niveles. El movimiento #MeToo contra el acoso sexual impulsado desde Estados Unidos, las multitudinarias manifestaciones contra la violencia machista que tuvieron lugar en 2016 y 2017 en Argentina y México, el “Black Monday” de 2016 en el que Polonia se manifestó en contra de la prohibición del aborto, son alguns de los ejemplos que demonstran un mundo que sigue llenándose de ejemplos individuales y colectivos en los que las mujeres luchan contra todas las formas de violencia y discriminación. El 8M solo fue una muestra más de todo lo que queda por hacer, y de cómo la lucha por la igualdad está más viva que nunca.

 

Autora: Clara Giménez Lorenzo

 

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