Eurovisión, la cortina de humo perfecta para Israel

El pasado sábado, Netta Barzilai y su “Toy” pusieron al Altice Arena de Lisboa a sus pies, confirmando el favoritismo que había rodeado a la respresentante de Israel en los últimos dos meses. Con un mensaje en contra del bullying y en favor del empoderamiento de la mujer, la cantante de 25 años se alzó con la victoria de Eurovisión 2018. Una victoria que no podía llegar en un momento más acertado para el Estado de Israel; en la víspera del Día de Jerusalén –en que Israel conmemora anualmente la “reunificación” de la ciudad tras la guerra de los Seis Días en 1967– y apenas dos días antes de Estados Unidos escenificara el traslado de su Embajada a Jersusalén -un triunfo para la derecha israelí-, su representante ganaba el festival por cuarta vez con un mensaje progresista.

Solo 48 horas después de la aclamada actuación de Netta, 55 palestinos morían y unos 2.700 resultaban heridos en la en la frontera de Gaza durante las protestas por el traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén y la Marcha del Retorno, que reclama el derecho de los refugiados a volver a sus hogares. El Gobierno de Netanyahu volvió a hacer oídos sordos al Comité de la ONU para la Prevención de la Discriminación Racial, que emitió el lunes una declaración urgente en la que pedía a Israel que hiciera cesar “el uso desproporcionado de la fuerza” contra los palestinos que participaban en la Gran Marcha de Retorno de Gaza. No es la primera vez -ni con casi seguridad la última- que Israel no sigue las recomendaciones ni los mandatos de la ONU: ya son 26 las Resoluciones incumplidas.

A sus 25 años, Netta pertenece a esa generación de jóvenes que ven muy lejanos los Acuerdos de Oslo de 1993, y que han vivido más de cerca la violencia de la Segunda Intifada (2000-2005). No en vano, la cantante tiene colgada en su Instagram una foto de 2014 en que muestra una actitud desenfadada con el uniforme de la marina israelí el mismo año esta participó en la masacre de Gaza que dejó más de 2.000 víctimas palestinas. La actitud de Netta cuadra con un fenómeno que viene sucediendo en los últimos años: el pinkwashing o “lavado rosa”, término utilizado para aludir a la estrategia de Israel para mostrar una imagen de Estado progresista a la vez que vulnera continuamente el Derecho Internacional. Y es que, Israel lleva años instrumentalizando al colectivo LGTB+ para distraer la opinión pública de sus políticas de ocupación, apartheid y limpieza étnica contra el pueblo palestino. El término pinkwashing se utiliza para referirse a cualquier actividad, evento o campaña que presenta Israel, con su marca estrella Tel Aviv, como paraíso progresista y LGTB+ mientras demoniza a las sociedades árabes de su entorno.

“Gracias por haber aceptado la diferencia y apoyado la diversidad”, fueron las primeras palabras de Netta tras subir al escenario. Y acto seguido, hizo un guiño -intencionado o no- al actual conflicto: “nos vemos el año que viene en Jerusalén”. Y es que aunque Israel como Estado soberano es libre de decidir donde organiza la edición de 2019, el hecho de que lo haga en la capital en disputa no deja de constituir una estratagema más dentro de su estrategia política. Lo que está claro es que de nada sirve que un Estado se jacte de alentar un mensaje feminista y antibullying, cuando dos días después más de 50 personas son asesinadas impunemente en su frontera. O, tal vez, sirva de mucho. Porque Eurovisión, pese que algunos no lo quieran ver, es un escenario más de batalla política.