Ya no son “nini”: actualmente muchos jóvenes compaginan trabajo y estudios

En múltiples ocasiones, los jóvenes nacidos durante las dos últimas décadas del pasado siglo han sido definidos como la generación “nini”(español), “nem-nem” (portugués) o NEET (not employment, education or training, por sus siglas en inglés). De hecho, El término se introdujo formalmente por primera vez en el Reino Unido en 1999 con la publicación del Informe “Bridging the gap: new opportunities for 16-18 year olds not in education, employment or training” (“Cerrando la brecha: Nuevas oportunidades para jóvenes entre 16-18 años que no estudian ni trabajan ni reciben formación”) elaborado por la Unidad de Exclusión Social de ese país. Desde entonces, tanto los medios como las instituciones se han preocupado por dar voz a esta realidad, definida como el grupo poblacional de entre 16 y 29 años que ni estudia nit rabaja.

Sin embargo, ¿qué ocurre con el caso contrario? Nadie duda de la existencia de los “nini”, pero, ¿acaso no hay también “sisi”? ¿Quién no conoce a alguien de su entorno que compagine horas de estudio con uno o incluso dos trabajos? En España, según la última  Encuesta de Población Activa (EPA), el número de “ninis” rondó los 1,07 millones de personas en 2017, alcanzando así la cifra más baja desde mediados de 2007. Por su parte, el número de jóvenes que estudian y trabajan se situó en las 615.600 personas, habiendo crecido durante los últimos años.

Algo similar ocurre en Portugal: pese a que el número de “ninis” se cifra en unos 175.000 jóvenes, el Gobierno pretende que la cifra llegue a los 30.000 en 2020. Pero, ¿qué pasa con las estadísticas de los que actualmente compaginan estudios y trabajo? También es necesario dar voz a esta realidad creciente, que muchas veces se traduce en empleo precario. Para mostrar el lado más humano de las estadísticas, son los propios jóvenes quienes pueden relatarnos su experiencia:

Carlos Amaya (Granada, 23) compagina sus estudios de Adminsitración y Dirección de Empresas con su trabajo como camarero mientras realiza el programa Erasmus. “Decidí trabajar durante el Erasmus para tener más independencia económica, además, ya tenía experiencia en España y estaba acostumbrado a compaginarlo”. Carlos opina que el trabajo no influye en su rendimiento académico, y apunta como positivos el aprendizaje del idioma y la facilidad para conocer gente nueva al trabajar tras la barra de un bar, pese a que admite que hay un pequeño porcentaje de clientes a los que “no les gusta que sea extranjero”.

El principal motivo por el que Bábara Dixe (Gaia, 21) ha comenzado a trabajar en un supermercado es el ahorro para sus estudios de máster. Cree que no tiene sentido generalizar, ya que “en nuestra generación podemos encontrar de todo, y en lo que respecta a la educación, tampoco tiene sentido pretender que todos tengamos que ser licenciados o doctores, hay jóvenes que solo trabajan y es muy válido”. Para Bárbara, sí que existe cierta dificultad a la hora de compaginar el trabajo con los estudios, aunque no niega los aspectos positivos de la experiencia: “creo que lo que lleva a los estudiantes a buscar empleo en Portugal es mayormente pagar los estudios, incluso en la universidad pública el coste mensual es de unos 100 euros. Es algo difícil de asumir para algunas familias, y son los propios estudiantes quienes lo suelen cubrir”.

En el caso de Diogo Barbieri (Santa Maria da Feira, 22), su trabajo como cocinero en un restaurante le he hecho posible independizarse de sus padres y poder vivir más cerca de la universidad. Sin embargo, admite que su presencia en clase y sus resultados académicos han disminuido bastante debido a la incompatibilidad de horarios: “creo que esta situación me ayuda a tener una mejor organización de mi rutina, pero a la vez temo que me haga perder el rumbo de la universidad”. Según apunta, hay muchos estudiantes en la misma situación, ya que “los apoyos del Estado están mal distribuidos y los estudiantes muchas veces tienen que acogerse a este tipo de situaciones para poder terminar sus estudios”.

Trabajar como algo meramente opcional, por ayudar a la familia o para independizarse; Carlos, Bárbara y Diogo nos muestran tres realidades diferentes,  tan diversas como la Generación Z o los denominados millennials.  Lo cierto es que cada vez más jóvenes se encuentran o escogen situaciones similares, por lo que la etiqueta de “ninis” va quedando cada día más lejos.

 

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