Un año después del 1-O catalán: ¿cómo se vivió?

El uno de octubre de 2017 – comúnmente conocido como 1-O – se celebró en Catalunya un Referéndum de Autodeterminación. Fue convocado por el Govern de la Generalitat de Catalunya, cuyo presidente era Carles Puigdemont, miembro del partido Candidatura de Unidad Popular – CUP –.

La pregunta realizada fue: “¿Quiere que Catalunya sea un estado independiente en forma de República?”. La participación ascendió hasta aproximadamente el 43% del censo y se obtuvieron un 90’2% de , frente a un 7’8% de No. Estos datos proceden de la Generalitat de Catalunya, que en el boletín oficial con los resultados definitivos aclara que ese recuento final está “basado en papeletas verificadas y no secuestradas.”

Desde primera hora de la mañana se abrieron los colegios electorales, algunos cedidos por el ayuntamiento y otros no. Las urnas habían sido entregadas días antes y en ellas venían las instrucciones a seguir. Gerard Sala, estudiante de 19 años, estuvo en la mesa electoral del Instituto Ribera Baixa de El Prat de Llobregat. En entrevista para #infomedia afirma que las instrucciones eran muy claras: “tenéis que pedir el DNI, apuntarlo e identificar, mediante la página web que nos facilitó el Govern, si la persona ya ha votado o no. Al principio fue muy caótico porque la web fallaba… después nos informaron de que la Guardia Civil estaba haciendo ciberataques.” En el Instituto Ribera Baixa no había internet, las fuerzas de seguridad lo habían cortado, así que los miembros de la mesa utilizaban su móvil con conexión de datos para confirmar que aquella persona no hubiese votado ese mismo día.

Por toda Catalunya, comenzaron a producirse cargas policiales violentas en los colegios electorales. Los antidisturbios, trataban de confiscar las urnas con los votos mientras los ciudadanos intentaban evitarlo. El número de víctimas varía según la fuente, pero asciende a más de 800. Las portadas de los medios de comunicación europeos se llenaron de titulares condenando la violencia policial del estado español.

Maria Garcia, periodista corresponsal en Girona de ARA.cat, en entrevista para #infomedia declara que el 1-O supuso un “trauma” en la mayoría de catalanes que fueron a votar. “Aquel día cambió todo. Se ejerció una violencia sobre los ciudadanos totalmente desproporcionada, injustificada e indiscriminada, porque realmente les daba igual si era un hombre de 70 años, un punki de 16 o un pijo de 40 que iba con su crío de tres años en brazos. Les daba igual, cargaban hostias. A la gente que vivió el 1-O en su propia piel, no les hables de España porque es un trauma.”

La respuesta del presidente Mariano Rajoy tras el plebiscito y tras la brutalidad policial fue: “hemos hecho lo que teníamos que hacer, actuando con la ley y solo con la ley”. En la misma comparecencia desde La Moncloa, Rajoy afirmaba que “ha sido un ataque premeditado y consciente, al que el Estado ha reaccionado con firmeza y serenidad.”

José Luis Herranz, licenciado en Derecho por la Universidad Alfonso X de Madrid, destaca para #infomedia que la respuesta del Estado dejó bastante que desear. “Una vez llegado el momento de ese referéndum, lo que tienes que hacer es dejar que se celebre y al final tratarlo como lo que es: inválido. Meterte a golpe y porrazo con tus fuerzas de seguridad a los colegios electorales, fue la peor decisión. Deberían haber actuado antes, no dejando que ese referéndum se llegara a celebrar o convocándolo.”

Diez días después de la celebración del plebiscito, el Parlament de Catalunya firmaba la Declaración Unilateral de Independencia de Catalunya (DUI), que el 27 de octubre sería votada y aprobada. Ese mismo día, el 27 de octubre, Mariano Rajoy compareció en Moncloa destituyendo a los cargos del Govern y convocando elecciones para el 21 de diciembre. Por la mañana, el Senado había aprobado la aplicación del Art. 155 de la Constitución Española, cuya medida principal es la suspensión de la autonomía de la comunidad.

Tras estos acontecimientos, el president Carles Puigdemont huyó a Bélgica para evitar la justicia española. El resto de políticos responsables del referéndum, diez en total, ingresaron en prisión incondicional sin fianza, acusados de delitos de rebelión, sedición y malversación de fondos públicos.

Los encarcelamientos promovieron el surgimiento de un nuevo debate: ¿presos políticos o políticos presos? Las masas independentistas, alegando que se trataba de presos políticos, comenzaron una campaña de exigencia de libertad, empleando lazos amarillos como símbolo de su lucha. Esta parte de la sociedad, se aferraba a la idea de que Jordi Cuixart y Jordi Sánchez están encarcelados siendo miembros de una organización civil, Òmnium Cultural y Assamblea Nacional Catalana, respectivamente , y por este motivo era necesario hablar de presos políticos. “Para mí ellos son el ejemplo más claro de que son presos políticos y como están encausados por lo mismo que los otros políticos, podemos decir que los otros también son presos políticos.”, afirma Gerard Sala.

Por otro lado, parte de la población entendía que se trataba de políticos presos, pues, como afirma José Luis Herranz “no se les ha detenido por unos ideales o por una lucha, sino por una serie de acciones. Han infringido artículos de la ley y han provocado una situación en la ciudadanía radical y comprometida. Motivos para juzgarlos, hay.”

Un año después, la mayoría de analíticos y ciudadanos coinciden en que la situación a nivel político no ha cambiado y, yendo más allá, se habla de utilización del referéndum con fines partidistas. Así lo afirma Maria Garcia: “han priorizado sus intereses políticos de partido por encima de los intereses del país.”

La sociedad actualmente está polarizada: “o estás a favor del referéndum o estás en contra” (José Luis Herranz) y un año después, los sentimientos siguen a flor de piel y las políticas no han cambiado.

 

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